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la libertad como derecho fundamental y sus implicaciones

Mas el centro de atención de la moderna literatura jurídico-política sobre el tema de la libertad está en considerar ésta como un derecho fundamental. El derecho fundamental de la libertad se manifiesta y concretiza en la historia moderna y contemporánea de este derecho, según Bobbio, en tres fases o series de derechos, que algunos denominas " derechos de la primera", de la "segunda" y de la "tercera generación". En la primera fase se postulan, se conceden y tutelan una serie de derechos, tendentes a limitar el poder del Estado y a reservar para los individuos unas esferas de libertad respecto a ese poder, (libertad negativa, libertad no-impedimento. La segunda fase representa la afirmación de la libertad positiva ( la libertad auténtica y digna de ser garantizada, no sólo como facultad negativa, sino también como poder positivo, esto es, como capacidad jurídica y material de convertir en concretas las abstractas capacidades garantizadas por las constituciones liberales), y que es entendida más comúnmente como la fase de las derechos políticos y sobre todo como el derecho político de participación política, esto es, la afirmación de la libertad de los individuos dentro del Estado. La tercera fase sería la fase de la afirmación de los derechos sociales, de la igualdad real y el bienestar social, los derechos de libertad a través o por medio del Estado.

Continuando con el pensamiento de Bobbio, el desarrollo de la teoría política de la libertad ha sido variado, cuando hoy se dice que el ser humano es libre en el sentido de que debe ser protegido y favorecido en la expansión de la libertad, se entienden por lo menos estas tres cosas: que todo ser debe tener una esfera de actividad personal protegida contra la injerencia del poder externo, en particular del poder estatal; que todo ser humano debe participar directa o indirectamente en la formación de las reglas que deberán después regular su conducta en aquella esfera que no es de su uso exclusivo; que todo ser humano debe tener poder efectivo de traducir en comportamientos concretos los comportamientos abstractos previstos en las normas constitucionales que le atribuyen este o aquel derecho.

Estos tres modos de entender la libertad están presentes en los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: el concepto de libertad negativa subyace en todos los artículos que se refieren a los derechos personales y a los tradicionales derechos de libertad (arts. 7-20); libertad política, en el artículo 21; y el concepto de libertad positiva aparece en los artículos 22- 27, que hacen mención a los derechos de seguridad social y culturales, de los que se dice que son indispensables a la dignidad y desarrollo del individuo.

La libertad aparece, dentro de algunas teorías modernas del derecho, como uno de los derechos subjetivos, que se describen atendiendo a un conjunto de caracteres, que son, en general, consecuencia de la nota fundamental de derechos esenciales de los individuos que ostentan los mismos: son derechos originarios o innatos, que se adquieren simplemente por el nacimiento, sin necesidad del concurso de los medios legales de adquisición; son, en principio, derechos subjetivos privados, ya que corresponden a las individuos como simples seres humanos y se proponen asegurarles el goce del propio ser, físico y espiritual; son derechos absolutos o de exclusión, en el sentido de su oponibilidad erga omnes; son derechos personales o, con mayor precisión, extrapatrimoniales, lo que no obsta para que su lesión pueda dar lugar a consecuencias patrimoniales; y son, finalmente, por razón de su misma naturaleza, irrenunciables e imprescriptibles, son bienes que no son objeto de comercio de los hombres.

Si bien todos los derechos subjetivos se conceden por el ordenamiento jurídico, en definitiva, para que el ser humano pueda realizar sus fines como individuo y como miembro de una comunidad, la propia persona humana necesita, como tal, la protección del orden jurídico como primer bien que obtenga del ordenamiento. Esta protección tiene lugar de modo más visible y amplio en el Derecho Público o a través del Derecho Político, del Administrativo y del Derecho Penal, que en sus respectivas esferas conceden al individuo un estatuto político y defensa contra los atentados a su persona y bienes; si bien también el Derecho Privado concede al individuo una defensa adecuada a su función y medios sancionadores cuando sea objeto de lesión en los derechos más inherentes a su propia persona, por medio especialmente de la reparación pecuniaria.

Dentro de la conceptualización de los derechos subjetivos, cabe señalar los derechos esenciales de la persona, como son los derechos a la vida, a la libertad, al nombre, al honor y demás bienes personales, que gozan en los códigos penales modernos de una protección especial, y a los que dedica la moderna doctrina científica una atención esmerada.

Dada la conexión indudable entre los derechos fundamentales de la persona y los derechos de la personalidad, podemos aludir para ilustrar este punto a la Constitución española de 1978. La Constitución española, lo mismo que otras constituciones modernas no se contenta con formular las libertades del individuo, sino que esboza las líneas maestras para una protección integral de la persona humana en los ámbitos más modernos. La norma dominante del sistema jurídico español es el reconocimiento y la protección de la dignidad de la persona humana, según reza el artículo 10.1 de su Constitución, " «la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás, son fundamento del orden político y de la paz social». Lo que encuentra desarrollo, en diversos aspectos en el Capítulo segundo del mismo Título I, en que la norma citada se contiene. Norma que, a pesar de su carácter de generalidad cumple funciones jurídicas en el más estricto sentido de la palabra, a saber: Como norma supralegal, implica un límite infranqueable para las leyes ordinarias que han de respetar esas declaraciones, en cuanto que no pueden ir directa o indirectamente contra ellas. Como norma integrada en un texto constitucional, ha de servir de elemento interpretativo del resto de la Constitución.

Por su parte, en el Capítulo segundo del Título I de la Constitución se contienen otras declaraciones singulares relacionadas directamente con los más elementales derechos de la personalidad, tales como la integridad física y moral (art. 15), libertad personal (arts. 17-1, 18-2, 19), igualdad (art. 14), integridad moral y derecho a la intimidad (arts. 18, 20-4), libertad ideológica (art. 16), de expresión (art. 20), libertades colectivas (arts. 21 y 22) y derecho de fundación (art. 34). Su estudio detallado se hace en el correspondiente tema de Derecho Constitucional. Todos estos derechos y libertades se salvaguardan en virtud de un sistema de garantías que contempla la Constitución en el Capítulo cuarto del Título I.

En el plano doctrinal y en relación con la dogmática de los derechos de personalidad, hasta ahora vacilante y difusa, podemos afirmar: El derecho general de la personalidad funda una serie de generales capacidades jurídicas y de especiales derechos subjetivos. Desde el primer punto de vista (capacidades jurídicas generales) pueden establecerse los siguientes principios: Todos los hombres son capaces de derecho. Todos los hombres son capaces de obrar. Todos los hombres son jurídicamente responsables de su obrar cuando se les puede acusar de haber obrado culpablemente.

Por el primer principio, el orden jurídico reconoce el derecho a tener en general derechos subjetivos; por el segundo reconoce la posibilidad de obrar bajo su protección-es decir, de obrar con eficacia jurídica. Con ello el orden jurídico concede relevancia jurídica a la acción privada y autodeterminada (a un contrato, por ejemplo). Por el tercer principio, el principio de la culpabilidad, se expresa la circunstancia de la comunidad jurídica tratará al hombre como ser moralmente responsable; por ello no responde éste más que cuando se le puede cargar una culpabilidad relacionada directamente con su obrar.

El derecho general de la personalidad se manifiesta en una serie de derechos fundamentales. Estos derechos fundamentales tienen siempre un objeto determinado, o un determinado punto de inserción y referencia. Estos objetos o puntos de referencia resultan en detalle la naturaleza del hombre como ser anímico-corporal, de su estructura somática y psíquica, de sus instintos y de sus aspiraciones y tendencias. El que sean protegidos se debe al principio del respeto, y el que sean precisamente ésos los protegidos se debe a la naturaleza del hombre.

En primer lugar se presenta aquí la protección del hombre en existencia física, en su cuerpo y en su vida. La vida y la salud del hombre deben ser protegidas contra posibles lesiones por sus conciudadanos o por el estado y sus órganos. La forma de la protección es u cuestión técnica y puede ser muy diversa. Pueden considerarse penas impuestas a las lesiones, reconocimiento de un derecho de indemnización de los daños, etc. Otro derecho fundamental y elemental es el derecho de propiedad. Relacionado con la intangibilidad de la propiedad privada está el respeto a la paz domiciliaria, cuya expresión jurídica es la prohibición del registro domiciliario y el castigo consiguiente.

Al servicio de esos deberes están las citadas libertades espirituales. Ellas protegen la manifestación de la ideología, de la opinión, de la fe religiosa. Ellas tienden a eliminar la coacción de un ámbito en el cual sólo puede valer la convicción interna. Las libertades espirituales hacen innecesaria la hipocresía, la ficción de ideas inexistentes, la negación tácita o expresa de aquello que propiamente se piensa y que se venera internamente. Recta y libremente debe el hombre confesar aquello que íntimamente venera, aquello que reconoce como verdadero, y debe poder hacerlo sin perjuicios para su vida, para su libertad o para su situación material.

Libertad significa en todo caso libertad respecto de órdenes y coacciones externas, libertad en sentido negativo. La libertad jurídica consiste en que nadie pueda darme una orden con la que yo no esté de acuerdo. La libertad de movimiento y de residencia está dada cuando nadie puede fijarme contra mi voluntad e indicarme un determinado lugar de residencia. La prohibición de la detención arbitraria y la garantía la libre elección del lugar de residencia y de trabajo son garantía de aquella libertad. Las libertades espirituales consisten en que nadie -y, especialmente, el Estado-me prescriba lo que debo decir, pe ser, creer, considerar verdadero. No debe existir ninguna coacción para admitir determinadas convicciones. Una coacción de este tipo se da incluso cuando es indirecta, es decir, cuando la consecución de bienes esenciales y necesarios está condicionada por la adhesión a determinados movimientos políticos o religiosos. La libertad espiritual exige no sólo que nadie sea constreñido directamente a hacer una determinada manifestación, sino, además, que nadie sea perjudicado por no querer hacerla.

El último de los derechos fundamentales clásicos procedentes de la tradición del siglo XVII es la igualdad. Esto significa en este contexto que los derechos fundamentales competen a todos los hombres por igual y que nadie puede ser privado de ellos. El derecho positivo que reconoce los derechos del hombre tiene que hacerlo igualmente para todos. Corresponde al hecho básico moral de la vocación y responsabilidad uniformes de todos los hombres en el terreno moral.

Los modernos catálogos de los derechos del hombre han añadido otra serie a ese conjunto clásico de derechos fundamentales: el derecho al trabajo, el derecho a la educación, la libertad respecto de la miseria. Estos nuevos derechos se encuentran sistemáticamente en el lugar en que formulaciones más antiguas hablaban del derecho a la pursuit of hapiness, pero son esencialmente diversos de ésta. El derecho a la pursuit of happiness era negativo, era un derecho de libertad-una libertad: expresaba que nadie, ni el estado, tenía derecho a impedir a alguien a buscara y encontrar a su felicidad. Este derecho correspondía al carácter del orden jurídico como delimitación de las esferas vitales.

Libertad como derecho o la libertad jurídica, en el contexto de los derechos humanos, en suma, es entendida como el ejercicio de una amplia gama de actividades, o la carencia de coacciones, otorgadas, protegidas y contempladas por el ordenamiento jurídico; vista esta libertad desde el usufructuario, la podemos traducir, no sin reparos, como la no obligación de recibir órdenes sobre las cuales el sujeto no está de acuerdo.

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