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estratégia y táctica
el derecho humano a la paz Imprimir E-mail

federico mayor / enero 1997

La paz duradera es una premisa y un requisito para el ejercicio de todos los derechos y deberes humanos. No la paz del silencio, de los hombres y las mujeres silenciosas, silenciadas. La paz de la libertad “y por lo tanto de leyes justas, de la alegría, de la igualdad, de la solidaridad, donde todos los ciudadanos cuentan, conviven, comparten.

Paz, desarrollo y democracia forman un triángulo interactivo. Los tres se necesitan mutuamente. Sin democracia no hay desarrollo duradero: las disparidades se hacen insostenibles y se desemboca en la imposición y el dominio.

El 1995, cincuenta aniversario de las Naciones Unidas y de la UNESCO, Año Internacional de la Tolerancia, recordamos con especial énfasis que sólo en la medida en qué nos esforzamos cotidianamente a conocer mejor a los otros -el otro soy yo!- y a respetarlos, conseguiremos tratar en sus orígenes la marginación, la indiferencia, la rancúnia, l’animadversión. Sólo así conseguiremos romper el círculo vicioso que lleva a la afrenta, a el enfrentamiento y al uso de la fuerza.

Hace falta identificar las raíces de los problemas globales y esforzarnos , con medidas imaginativas y perseverantes, a parar los conflictos cuando apenas son en el inicio. Pero todavía es mejor prevenirlos.

Actuar a tiempo, con decisión y coraje, a sabiendas de que la prevención sólo se ve cuando fracasa. La paz, la salud, la normalidad, no son noticia. Habremos de procurar hacer más potente estos intangibles, estos éxitos que pasan desapercibidos.

La renuncia generalizada a la violencia pide el compromiso de toda la sociedad. No son temas de gobierno sino de Estado; no de unos mandatarios, sino de la sociedad en conjunto (civil, militar, eclesiástica). La movilización que hace falta con urgencia por tal que, en dos o tres años, se pueda pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz, exige la cooperación de todos juntos. Para cambiar, el mundo necesita todo el mundo. Hace falta un nuevo enfoque de la seguridad a escala mundial, regional y nacional. Las fuerzas armadas deben ser garantía de la estabilidad democrática y de la protección ciudadana, porque no se puede pasar de sistemas de seguridad total y libertad nula. Los ministerios de guerra y de defensa deben convertirse en ministerios de paz.

Las situaciones de emergencia se deben tratar con procedimientos de toma de decisión y de acción diseñados especialmente por asegurar rapidez, coordinación y eficacia. Estamos preparados para guerras improbables, con un gran despliegue de aparatos costosísimos, pero no lo estamos por prever y apaciguar las catástrofes naturales o provocadas, que nos afectan de forma recurrente. Estamos desprotegidos ante las inclemencias del tiempo, delante de los avatares de la naturaleza. La protección ciudadana aparece hoy como una de las grandes tareas de la sociedad en su conjunto, si queremos de verdad consolidar un marco de convivencia genuinamente democrático. Invertir en medidas de socorros y asistencia urgente, pero también -y sobre todo- en la prevención y el largo plazo (por ejemplo, en redes de conducción y almacenamiento de agua a escala continental) seria estar preparados por la paz. Por vivir en paz. Ahora estamos preparados para la guerra eventual. Por vivir sobrecogidos e indefensos en nuestra existencia cotidiana ante contratiempos de todo tipo.

El sistema de las sanciones Unidas deberá dotarse también de la capacidad de reacción y los dispositivos adecuados por tal de que no se repitan atrocidades y genocidios como los que remueven nuestra conciencia colectiva: Cambodja, Bosnia-Herzegovina. Liberia, Somalia, Ruanda,...

Hay hoy un deseo generalizado de paz y hemos de aludir a la lucidez y la fortaleza de espíritu de qué han hecho gala todas las partes en litigio, en los acuerdos conseguidos en El Salvador, Namibia, Mozambique, Angola, Sudàfrica, Guatemala, Filipinas. Estos pactos nos llenan d’esperanza y de tristeza a la vez, cuando pensamos en las vidas inmoladas en el largo camino hacia el alto el fuego. Y en las heridas abiertas, difíciles de cerrar. Pedimos por lo tanto que, a la vez que reavivamos la construcción de la paz en la mente de las personas, se decidan los contendientes que todavía confían en la fuerza de las armas, a dejarlas de banda y se preparen para la reconciliación.

No hay suficiente con la denuncia. Es hora de la acción. No hay suficiente con conocer. Escandalizados, el número de niños explotados sexualmente o laboralmente, el número de refugiados o de hambrientos. Se trata de reaccionar, cada cual en la medida de sus posibilidades. No se puede contemplar únicamente el que hace el gobierno. Debemos desprendernos de una parte del que "es nuestro". Hace falta dar. Hace falta darse. No imponer más modelos de desarrollo ni de vida. El derecho a la paz, a vivir en paz, implica acabar con la creencia que unos son los virtuosos y los acertados, y otros los equivocados, unos los generosos en todo y otros los que lo necesitan todo.

Es evidente que no se puede pagar simultáneamente el precio de la guerra y el de la paz. Garantizar a todos los seres humanos la educación a lo largo de toda la vida permitiría: regular el crecimiento demográfico, mejorar la calidad de vida, aumentar la participación ciudadana, disminuir las corrientes migratorias, reducir las diferencias distributivas, afirmar las identidades culturales, impedir la erosión del medio ambiente, con cambios muy substanciales en los hábitos energéticos, en el transporte urbano; favorecer el desarrollo endògeno y la transferencia de conocimientos; impulsar el funcionamiento rápido y eficaz de la justicia, con mecanismos adecuados de concertación internacional: dotar el sistema de Naciones Unidas de las facultades adecuadas por abordar a tiempo asuntos transnacionales... Nada de todo esto no se puede hacer en un contexto de guerra. Hará falta pues, rebajar las inversiones en armas y destrucción por aumentar las inversiones en la construcción de la paz.

Cumbre de tradiciones, pensamientos, lenguas y formas de expresión, recuerdos, olvidos, anhelos, sueños, experiencias, rechazos,... la suprema expresión de la cultura es el comportamiento cotidiano. La infinita diversidad cultural es nuestra gran riqueza, nuestra fuerza- por lograr unos valores universales que se deben transmitir desde la cuna a lo largo de toda la existencia. Familiares -las madres sobre todo-, maestras, profesorado, medios de comunicación ... todos deben contribuir a la difusión de principios éticos, de pautas de referencia universales, tan necesarias hoy por los desprovistos como para los saciados. Los primeros, porque tienen derecho a satisfacer los mínimos vitales que la dignidad humana exige y los más favorecidos, porque los bienes materiales no producen el gozo previsto. La posesión no comporta el goce, cuando no se ha soñado. En docencia, los instrumentos son convenientes pero nada no puede sustituir la palabra amiga del maestro, el mimo del sonrisas del padre y la madre. No hay otra pedagogía, en definitiva, que la del ejemplo y la del amor.


El aprendizajes sin fronteras geográficas, de edad, de lengua- puede contribuir a cambiar el mundo, eliminando o reduciendo las múltiples barreras que hoy se oponen a el acceso de todos al conocimiento y la educación. La educación debe contribuir a el fortalecimiento, rescate y desarrollo de la cultura e identidad de los pueblos.

La mundialización implica un peligro de uniformidad y aviva la tentación del repliegue y de la fortaleza alrededor d’un sentimiento de cualquier clase (religioso, ideológico, cultural nacionalista). Ante esta amenaza "hemos de insistir en las modalidades de aprendizaje y de pensamiento crítico que permitan a las personas comprender las transformaciones que suceden a su alrededor, generar nuevos conocimientos y modular su propio destino". Los pueblos indígenas deben vivir en condiciones de igualdad con otras culturas, y deben participar plenamente en la elaboración y puesta en práctica de las leyes. Paz significa diversidad, significa mezcla- de culturas mestizas y peregrinas-, como dice Carlos Fuentes-, significa sociedades pluriètniques y plurilingües. La paz no se una abstracción: tiene un profundo contenido cultural, político, social y económico. Esta transformación profunda desde la opresión y el confinamiento a la apertura y la generosidad, esta mutación centrada a conjugar todos plegados cada día el verbo compartir “clave de un futuro diferente- no podrá realizarse de ninguna forma sin la juventud. Y menos todavía, a su espalda. A ellos que son nuestra esperanza, que nos interrogan y buscan, en nosotros y en instancias externas, las respuestas a sus incertidumbres y desazones, habremos de decirlos que es en ellos mismos dónde deben encontrar toda explicación, que en el interior de cada cual encontrarán la motivación y el indicio de luz que persiguen. Aunque a veces nos parezca “ante de su consternación y nuestra- muy difícil de plantear en estos términos, nuestra actitud d’aprendices-educadores permanentes debe llevarnos a decirlos, como en el poema de Kavafis: "Itaca te dio ya la quiniela y no te puede ofrecer nada más". Según su propio diseño. Según sus reflexiones. Sin interesadas injerencias forànies, especialmente cuando los sacan de este "profundo pozo" personal, este intelecto, este talento, este ingeni que es el tesoro individual y colectivo de la humanidad. Las sectas y la adición a las drogas para la evasión, son los síntomas más precisos de esta patología anímica que hoy es el gran problema humano. Educación significa, precisamente, activar este potencial inmenso, permitir su lleno uso por ser cada cual amo y artífice de su propio destino. No podemos dar a la juventud el que ya no tenemos, como la edad, pero sí lo que acumulamos, como la experiencia, que es la suma de fracasos y éxitos, de un vuelo que lleva en las alas el peso, la alegría, el dolor, la perplejidad, el estímulo renovado de cada instante.

Si la juventud hiciera suya la bandera de la paz y la justicia!. Considero que es tan relevante para el adecuado cumplimiento de nuestra misión, que he propuesto a la Conferencia general como tema central de reflexión de las suya próxima reunión "La UNESCO y los jóvenes". Será una buena ocasión, porque la Conferencia General considerará por aprobación la "Declaración sobre la protección de las generaciones futuras" .

Todas las conferencias de las naciones Unidas han coincidido a proclamar, sea qué sea el tema abordado (medio ambiente, población, desarrollo social, derechos humanos y democracia, mujer, vivienda) que la educación es la llave por esta decisiva inflexión el rumbo actual del mundo, que aumenta la distancia que nos separa en bienes materiales y en saberes, en lugar de disminuirla. Invertir en educación no es sólo atender un derecho fundamental, sino construir la paz y el progreso de los pueblos. Educación para todo el mundo, durante toda la vida: este es el gran desafío que no admito aplazamientos.

Cada niño es el más importante patrimonio a salvaguardar. A veces, hace la impresión de que la UNESCO sólo se ocupa de conservar los documentos de piedra o espacios naturales. No es verdad. Esto es el más visible. El menos vulnerable. Pero debemos proteger toda la herencia: el patrimonio espiritual, intangible, frágil. El patrimonio genético. Y, muy especialmente, el ético. Estos valores esenciales, universales que nuestra Constitución establece con tan inspirada claridad. Si de verdad creemos que cada niño es nuestro niño, entonces debemos cambiar radicalmente los puntos de referencia de la "globalización" actual. Y el rostro humano ha de aparecer como destinatario y protagonista de cualquier política y cualquier estrategia.

Un sistema se hundió el 1989 porqué, basado en la igualdad, olvidó la libertad. Al sistema presente, basado en la libertad, le pasará el mismo si olvida la igualdad. Y si olvida la solidaridad. El ruido de la caída del "muro de acero" ha impedido escuchar el rumor que recorre los fundamentos de mundo "ganador" de la Guerra Fría. Hace falta, por lo tanto, que, por virtud y por interés, incrementamos en todos los ámbitos la lucha contra la exclusión y la marginalització. Todo el mundo s’debe sentir implicado. Todos debemos contribuir a facilitar la gran transición desde la razón de la fuerza a la fuerza de la razón; de la opresión al diálogo; de el aislamiento a la interacción y a convivencia pacífica. Pero en primer lugar, vivir. Y dar sentido a la vida. Erradicar la violencia: he aquí nuestra resolución. Evitar la violencia y la imposición yendo, como indicaba antes, a las fuentes mismas del rencor, la radicalización, el dogmatisme, el fatalismo. La pobreza, la ignorancia, la discriminación, la exclusión... son formas de violencia que pueden conducir aunque no la justifiquen nunca- a la agresión, a el uso de la fuerza, a la acción fratricida.

Una conciencia de paz para la convivencia, para la ciencia y sus aplicaciones- no se genera de un momento a l’otro ni se impone por decreto. Se va forjando en el regreso tras la decepción del materialismo y del servilismo de mercado- a la libertad de pensar y actuar; sin fingir, en la austeridad, con la fuerza indomable de l’espíritu, clave para la paz y para la guerra, como establecieron los fundadores de la UNESCO.

La ciencia siempre es positiva. Pero no lo son siempre sus aplicaciones. Los adelantos de la técnica y del conocimiento pueden servir por enriquecer o por empobrecer la vida de los seres humanos: pueden ayudarlos a desplegar su identidad y a multiplicar su capacidad o, por otra parte, pueden utilizarse por usurpar la personalidad y embrutecer el talento humano. Sólo la conciencia, que es responsabilidad y por esto es ética y es moral- puede dar un buen uso a los artefactos de la razón. La conciencia ha’d abarcar y conducir la razón. A l’ética de la responsabilidad hace falta añadir una ética de la convicción, de la voluntad. La primera surge del saber y del conocimiento; la segunda de la pasión, de la compasión, de la sabiduría.

Acabamos, pues, un siglo de fantásticos adelantos científicos y tecnológicos: conocemos y tratamos muchas enfermedades que son causa de padecimientos y muerte; nos comunicamos con una pulcritud y rapidez extraordinarias; tenemos a nuestra disposición la información instantánea y sin límites. Pero los antibióticos y los mediados de telecomunicación no pueden esconder las sangrantes luchas que han diezmado millones de vidas a la flor de la juventud, que han infringido padecimientos indescriptibles a tantos y tantos inocentes. Todas las perversiones de la guerra, tanto patentes hoy gracias a los aparatos audiovisuales, no parecen capaces de parar la gigantesca maquinaria bélico andamio y alimentada durante siglos y siglos. Corresponde a las generaciones presentes la casi imposible tarea bíblica de transformar las "espadas en arados" y transitar desde un instinto de guerra “forjado desde el origen del tiempo- a una conciencia de paz. Sería el mejor y más noble acto que "l’aldea global" podría realizar. El mejor obsequio a nuestros descendentes. Con qué satisfacción y alivio podríamos mirar los ojos de nuestros hijos! Sería también la mejor celebración del cincuenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Otros "derechos" se han incorporado a partir de 1948. Debemos tenerlo en cuenta. hemos de añadir el que los condiciona a todos: el derecho a la paz, el derecho a vivir en paz!. Este derecho a nuestra "soberanía personal", al respeto a la vida y a su dignidad. Los derechos humanos! En el alba de un nuevo milenio, esta debe ser nuestra utopía: ponerlos en práctica, completarlos, vivirloss, revivirlos cada amanecer. Ninguna nación, institución ni persona debe sentirse autorizada a poseer y representar los derechos humanos y menos todavía a otorgar credenciales a los otras. Los derechos humanos no se tienen ni se ofrecen, sino que se conquistan y se merecen cada día. Tampoco s’deben considerar una abstracción, sino pautas concretas de acción que hace falta incorporar a la vida de todos los hombres y mujeres, y a las leyes de cada país! Traducimos la Declaración a todos los idiomas; hagamos que figure en todas las aulas; en todos los hogares; en todos los rincones del mundo! Así la utopía de hoy será feliz realidad mañana. Aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir.

En estos primeros días de el año días de balance y de proyectos- hago un llamamiento a todas las familias, a los educadores, a los religiosos, a los parlamentarios, políticos, artistas, intelectuales, científicos, artesanos, periodistas, a todas las asociaciones humanitarias, deportivas y culturales, y a los medios de comunicación por tal que difundan en todas partes un mensaje de tolerancia, de no violencia, de paz y de justicia; por tal que fomenten actitudes y comprensión, de desprendimiento, de solidaridad; por tal que, con más memoria del futuro que del pasado, sepamos mirar juntos hacia adelante y construyamos así, en condiciones adversas y en terrenos inhóspitos, un futuro de paz, derecho fundamental, premisa. Y así, "Nosotros, los pueblos" habremos cumplido la promesa que hicimos el 1945, con las más abominables imágenes de la terrible contienda que acaba de concluir y que nos hace daño a la retina: "evitar el horror de la guerra a nuestros descendentes", construyendo los baluartes de la paz en el espíritu de todos los pobladores de la Tierra.

federico mayor gener de 1997

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