Al seguidismo ciego se le llamó en España "presencia internacional" o "política internacional propia". Los análisis políticos en los que pretenden basar la política exterior de España van de descrédito en descrédito en los propios EE.UU., el país donde nacieron.
Antaño, el gobierno de Aznar calculó estúpida y frívolamente la jugada y ligó los destinos del PP a una política exterior y a unas amistades internacionales indefendibles.