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botarates y revanchistas Imprimir E-mail


ian gibson - historiador

El venerable Manuel Fraga Iribarne, hoy con sus 83 años a cuestas, sigue con el espantajo de los comunistas españoles de antes de la guerra civil. ¡Qué malos eran! Así lo ha revelado en una entrevista publicada hace algunas semanas en Madrid, cuando, al suscitar la periodista el desagradable asunto de la ejecución en 1963 de Julián Grimau, el exministro de Franco declaró que no se arrepentía de haber dado su asentimiento a la misma (pese al clamor mundial en contra), toda vez que, además de haber sido "un sanguinario asesino" (no demostrado), Grimau volvió a su país "no precisamente a colaborar en una transición pacífica, sino a la lucha comunista, a todo lo que los comunistas habían hecho en España hasta el 36".

¿A todo lo que habían hecho los comunistas en España hasta el 36? Bien poco, me parece a mí, dada su escasa fuerza numérica entonces y los contadísimos escaños que ocupaban en las Cortes del Frente Popular. Manuel Fraga aludió luego a la "generosidad" demostrada por "ambas partes" durante la transición posfranquista --más por los perdedores que por los ganadores, añadimos nosotros--, y se desahogó a continuación: "Por eso me irrita que hoy surja algún botarate que alimente el guerracivilismo, como se está haciendo de una forma irresponsable y peligrosa, desenterrando fantasmas del pasado, promoviendo desde la reivindicación de la memoria histórica un encarnizado ajuste de cuentas. Además, se está jugando con cosas muy serias, las relaciones con la Iglesia, la educación, la unidad de España".

He buscado en dos diccionarios el término botarate. Para el de la Real Academia Española, la voz, que viene del verbo botar, significa "hombre alborotado y de poco juicio". El magnífico Diccionario del español actual, capitaneado por Manuel Seco, propone la definición: "Hombre sin juicio ni formalidad". El insulto, pues, es considerable.

Para Manuel Fraga, los que quieren investigar la realidad de la espantosa represión llevada a cabo por los franquistas, no solo durante la guerra, sino entre 1939 y 1946, es decir hasta la caída del Eje Berlín-Roma (más de 50.000 ejecutados, según los más recientes estudios); los que abogan por abrir las fosas comunes en busca de sus seres queridos (se calcula que hay unos 30.000 desaparecidos); los que se empeñan en consultar archivos oficiales todavía de difícil acceso y se encuentran con trabas, son unas gentes sin juicio, o casi, que, en busca de "un encarnizado ajuste de cuentas", actúan motivados por una inconfesable meta provocadora. ¡Qué manera más brutal de aludir a las familias de los vencidos! ¡De desconocer los sufrimientos de tantos miles de ciudadanos, para muchos de los cuales ya les queda poco tiempo en este, para ellos, amargo mundo!

YO NO PERCIBO entre los españoles del bando derrotado ningún deseo de exigir responsabilidades a nadie. No veo asomo alguno del guerracivilismo y del revanchismo alegados por Manuel Fraga. Y eso que se comprendería. Pero sí lo observo, todavía, entre no pocos herederos de quienes ganaron la contienda y entre algunos viejos nostálgicos. Además, y ello es de una enorme gravedad, la Iglesia española, según nos recuerda Gabriel Jackson, todavía no ha pedido perdón por su implicación en decenas de miles de condenas a muerte impuestas por el bando rebelde.

Ejemplo del guerracivilismo actual de las derechas -ejemplo, que yo sepa, no comentado por nadie- es que nunca ha relucido como ahora la gigantesca cruz yacente de Paracuellos del Jarama, colocada, poco después de la guerra, en la ladera del cerro que colinda con el cementerio de dicho pueblo madrileño. Y ello para ser muy visible desde los aviones que aterrizaban en el cercano aeropuerto de Barajas.

La cruz se ha puesto de repente blanquísima para llamar la atención (y, claro, suscitar las preguntas) de los viajeros aéreos. ¿Hace falta decir que no ostenta ningún símbolo comparable, por escoger un solo ejemplo, el cementerio de Granada, situado cerca de otra colina, la de la Alhambra, donde fueron abatidos miles de republicanos? ¿Quién es el provocador? ¿Quién el que quiere ajustar cuentas?

LOS QUE SE rebelaron contra la legalidad republicana y luego ganaron su guerra tuvieron 40 años para desenterrar a sus muertos, y lo hicieron. Allí está, además del cementerio de Paracuellos del Jarama, con su cruz incluida, el grotesco Valle de los Caídos, con el cual nadie parece saber lo que se debe hacer ahora. ¿No sería normal conceder a los vencidos el mismo derecho? ¿Es mucho pedir un poco de piedad hacia ellos? El Consejo de Europa no alberga dudas al respecto. El 17 de marzo del año que corre condenó el franquismo e instó a España a honrar a las víctimas del mismo.

Teóricamente, el Gobierno está en ello, después de la nula preocupación demostrada al respecto por el PSOE durante sus 14 años en el poder. El 10 de septiembre del 2004 aprobó la creación de una comisión interministerial para el estudio de la situación de las víctimas del franquismo. Su función era elaborar un anteproyecto que el Ejecutivo preveía presentar en el Congreso de los Diputados antes del 30 de junio del 2006. Todavía no se ha hecho, aunque, eso sí, las Cortes Generales acaban de declarar este año -¡a mitad de curso!- como el de la memoria histórica. A la espera de la ley prometida, parece claro que, por el momento, los botarates y revanchistas no tendrán más remedio que seguir investigando, como siempre, sin apoyos oficiales.


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