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las ciudades buscan nuevos modelos Imprimir E-mail





las ciudades buscan nuevos modelos         catalina serra / el país / cultura 01 julio 2006

Un premio en Barcelona y una exposición en Santander abordan diversos tipos de renovación urbana

Las ciudades viven un momento de transformación radical en el que deben afrontar la expansión a gran escala y, al mismo tiempo, la renovación de los espacios degradados que se han quedado enquistados en su interior. "Por ahora no estamos generando respuestas a los nuevos problemas y se echa mano a los proyectos de los años setenta que no pudieron desarrollarse", explica Joan Busquets, comisario de la exposición Ciudades: 10 formas de proyectar la ciudad, que hasta el 3 de julio puede verse en Santander. "El espacio público es central en el concepto de ciudad europea y queremos potenciarlo", señala Josep Ramoneda, director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, que acoge hasta el 24 de septiembre la exhibición A favor del espacio público.

En cierta manera, las exposiciones de Barcelona y Santander se complementan, aunque su objetivo es muy diferente ya que una se centra en las intervenciones a pequeña escala y la otra, sin renunciar a este modelo, aborda las múltiples formas de planeamiento global de la ciudad en un mundo que, como señaló recientemente el informe de la agencia UN-Habitat de la ONU, la población urbana ya supera a la rural y se prevé que en 2020 existan hasta nueve metaciudades con más de 20 millones de habitantes, la mayoría alojados en ínfimas condiciones. "Todo el mundo es consciente de que las ciudades se transforman, pero hay que dar respuestas a ello cada día y me parece que las que ahora se dan son muy tradicionales", explica Joan Busquets. "La exposición parte de una investigación de tres años que hemos realizado desde la cátedra de Planificación Urbana y Diseño de la Universidad de Harvard que dirijo con el objeto de analizar los distintos modelos actuales".

Ciudades: 10 formas de proyectar la ciudad, que ahora se exhibe en el Palacio de Exposiciones de Santander y estará de itinerancia por varios países, se centra en 10 grandes líneas que se acompañan de ejemplos que, según Busquets, podrían ser intercambiables. La primera línea es una de las más imitadas últimamente y consiste en la utilización de un edificio icono -el mejor ejemplo es Bilbao con el Guggenheim- para impulsar la renovación de la ciudad. La última, en cambio, es la más rara y se basa en procesos experimentales, incluso efímeros, como el proyecto de Yverdon-les-Bains en Suiza del equipo Diller y Scofidio que consistió en diseñar un espacio junto a un lago sobre el que se pulverizó agua creando un suave paisaje en un entorno semiindustrial. "Hay que forzar la investigación y los proyectos pilotos arriesgados, incluso sabiendo que pueden ser efímeros y que al igual que se hacen puede deshacerse", insiste Busquets. "Tenemos que experimentar más en el espacio porque no se puede reproducir el pasado, y ahora mismo estas megaciudades se inspiran en proyectos antiguos que respondían a otras situaciones. Con la exposición, y el libro que saldrá en diciembre, ofrecemos ejemplos que funcionan para mostrar a los que toman decisiones que las cosas pueden hacerse mejor".

La de Barcelona es una exposición -cuyo material puede consultarse en Internet (http://urban.cccb.org)- que por primera vez muestra al público las obras ganadoras del Premio Europeo del Espacio Público Urbano, una convocatoria bienal en la que están implicadas seis instituciones europeas dedicadas a la arquitectura que este año ha cumplido su cuarta edición. La exposición incluye en un archivo la información de los 207 proyectos recibidos procedentes de 152 ciudades de 31 estados europeos.

Las dos obras que han ganado el premio ex aequo, que se entregaron ayer en el CCCB, representan esta voluntad de regenerar para el uso público espacios degradados. El Órgano marino es un poético proyecto situado en la ciudad croata de Zadar que recupera para la ciudad una parte de su frente marítimo con una escalinata que incorpora un órgano natural. Éste está realizado mediante un sistema hidráulico que permite que el agua empuje el aire a través de unos tubos de diferentes medidas situados bajo la escalinata que producen sonidos. "Quería darle una personalidad especial a esta zona tan degradada a través del sonido que marca el contacto de la tierra con el mar", indicó Nikola Basic, autor del proyecto que ha costado 240.000 euros y ocupa 1.700 metros cuadrados.

El otro proyecto ganador es una intervención en Zaanstad, una pequeña ciudad holandesa atravesada por una autopista elevada que en los años setenta rompió de manera brutal el tejido urbano. El proyecto de NL Architects, con un costo de 2,7 millones de euros, actúa sobre 24.000 metros cuadrados por debajo de la autopista reconvirtiendo esta zona en la que sólo había un desolado aparcamiento en un espacio para el ocio a través de la instalación de varias tiendas y, sobretodo, de una zona de juegos cerrada con pistas para skaters, baloncesto y otros deportes. Entre las obras finalistas destaca la mención especial que ha recibido un proyecto atípico. Consiste en la utilización para usos culturales de caracter temporal que realizó entre 2004 y 2006 un colectivo de artistas y arquitectos en el antiguo Palacio de la República de Berlín Oriental. Este edificio de la época comunista ha empezado ya a ser demolido en lo que es una costosísima operación cuyo objetivo final, cuando se consiga financiación, es reconstruir el viejo castillo que a su vez habían derruido los comunistas. "Es como una tragedia griega de destrucciones", indicó ayer un miembro del colectivo.


espacio público       tribuna / manuel delgado / 05 septiembre 2066

Concluirá este mes de septiembre la exposición que en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha servido para mostrar los trabajos concurrentes al Premio Europeo del Espacio Público 2006, que convoca el Archivo del Espacio Público Urbano. La exhibición -En defensa del espacio público- nos ha deparado una excelente oportunidad para pensar qué quiere decir exactamente "espacio público", un concepto que ha ido ganando protagonismo en las dos últimas décadas, que ocupa hoy un lugar central en las iniciativas y las retóricas a propósito de los contextos urbanizados y que es bastante menos inocente y natural de lo que se antojaría a primera vista.

De entrada, espacio público podría ser un instrumento conceptual que le permitiera a las ciencias sociales de la ciudad agrupar los diferentes exteriores urbanos: calle, plaza, vestíbulo, andén, playa, parque, muelle, autobús..., entornos abiertos y accesibles sin excepción en que todos los presentes miran y se dan a mirar unos a otros, en que se producen todo tipo de agenciamientos -microscópicos o tumultuosos, armoniosos o polémicos-, en que se dramatizan encuentros y encontronazos, luchas y deserciones, reencuentros y extravíos... Inmensa urdimbre de cuerpos en movimiento que nos depara el espectáculo de una sociedad interminable, rebosante de malentendidos y azares. Ese espacio sólo existe como resultado de los transcursos que no dejan de atravesarlo y agitarlo y que, haciéndolo, lo dotan de valor tanto práctico como simbólico.

Para el urbanismo oficial espacio público quiere decir otra cosa: un vacío entre construcciones que hay que llenar de forma adecuada a los objetivos de promotores y autoridades, que suelen ser los mismos, por cierto. En este caso se trata de una comarca sobre la que intervenir y que intervenir, un ámbito que organizar en orden a que quede garantizada la buena fluidez entre puntos, los usos adecuados, los significados deseables, un espacio aseado y bien peinado que deberá servir para que las construcciones-negocio, los monumentos o las instalaciones estatales frente a los que se extiende vean garantizada la seguridad y la previsibilidad. No en vano la noción de espacio público se puso de moda entre los planificadores sobre todo a partir de las grandes iniciativas de reconversión de centros urbanos, como una forma de hacerlos apetecibles para la especulación, el turismo y las demandas institucionales en materia de legitimidad. En ese caso hablar de espacio siempre acaba resultando un eufemismo: en realidad se quiere decir siempre suelo.

Afín a esa idea de espacio público como complemento o guarnición para los grandes pasteles urbanísticos, hemos visto prodigarse un discurso también centrado en ese mismo concepto. En este caso, el espacio público pasa a concebirse como la realización de un valor ideológico, lugar en que se materializan diversas categorías abstractas como democracia, ciudadanía, convivencia, civismo, consenso y otras supersticiones políticas contemporáneas, proscenio en que se desearía ver pulular una ordenada masa de seres libres e iguales, guapos y felices, seres inmaculados que emplean ese espacio para ir y venir de trabajar o de consumir y que, en sus ratos libres, pasean despreocupados por un paraíso de amabilidad y cortesía, como si fueran figurantes de un colosal anuncio publicitario. Por descontado que en ese territorio toda presencia indeseable es rápidamente exorcizada y corresponde maltratar, expulsar o castigar a cualquiera que no sea capaz de exhibir modales de clase media.

Entre esas dos visiones se debate hoy esa nueva disciplina que en arquitectura atiende al diseño de exteriores. Por un lado los imperativos que marcan conjuntamente el mercado y la política obligan al arquitecto a afinarse en la producción de espacios que sean a la vez vendibles y vigilables. Para ello se le tienta con ofertas que pueden espolear su tendencia a convertir la obligación de crear en pura soberbia formal, de la que el producto suelen ser espacios tan irritantes como inútiles. Frente a las tentaciones de una ciudad hecha poder y hecha dinero, el arquitecto puede hacer prevalecer, en cambio, lo que quede en él de voluntad de servicio a la vida, es decir a eso que ahí fuera se levanta y se desmorona sin descanso, la actividad infinita de los viandantes, las apropiaciones a veces furtivas, a veces indebidas, de los desconocidos.

Contemplar el trabajo del Archivo del Espacio Público europeo otorga una cierta dosis de esperanza al respecto. La orientación de los materiales expuestos en el CCCB y los premios otorgados -muelle en el puerto de Zadar (Croacia); intersticio bajo una autopista en Zaanstad (Holanda)- parece apostar por hacer compatibles los lenguajes más creativos con la humildad de propuestas que son conscientes de hasta qué punto dependen de los usos y de los sentidos -sublimes o prosaicos- con que los usuarios acabarán determinándolos. He ahí, pues, la posibilidad de una arquitectura que renuncie a ser lo que algunos quisieran que fuera: un discurso arrogante que pretende convertir al mundo en modelo del que colgar sus diseños, vanidad de la que la que los intereses políticos y económicos sacan provecho. En vez de eso, la línea que se prima en esta exposición parece apuntar en otra dirección: la de un urbanismo que se pase al enemigo -lo urbano-; la de una arquitectura que entiende el espacio público como un ente vivo al que servir, haciendo de él lo que ya es: ese escenario ávido de acontecimientos, dispuesto para que las cosas se crucen y se junten.



 salvem can ricart

salvem can fabregas i caralt


hacia un nuevo dominio público : nau21

Nau21 tiene como finalidad la creación y puesta en marcha de Can Font (la Nave 21 del recinto Can Ricart, denominada a partir de ahora Nau21), como un Centro de producción abierto, de intercambio y de diálogo, destinado a proyectos que requieren de la colaboración de distintas disciplinas y de creadores dispares.

Un centro de recursos y de encuentro para a todas las disciplinas en torno a la Ciencia, el Arte y la Tecnología.
(...) Nau21 trabajará para establecerse como uno de los interlocutores con entidades públicas o privadas respecto al futuro de Can Ricart y su papel en el panorama cultural de la ciudad.


Nau21 tiene también como finalidad generar un debate social y político en la ciudad de Barcelona, al entorno de los espacios de cultura, producción artística y gestión de la cultura. Este debate se sitúa en una situación histórica como es la disolución de antiguos núcleos industriales que fueron reconvertidos, hace unos años, en espacios de arte y creación.

Nau21 se define como progresista, promoviendo en su funcionamiento y actuaciones valores como la democracia participativa, el desarrollo sostenible, el activismocultural, la transversalidad interdisciplinar y todos aquellos otros valores que, sin entrar en contradicción con estos estatutos, decida la Asamblea General.

Nau21 defiende los valores del dominio público entendido como una esfera que no pertenece al estado ni al mercado, sino a toda la sociedad, y es manejada y controlada por la misma sociedad. Un nuevo dominio público, autónomo, reconocido por las instituciones como un medio de democracia participativa y de un nuevo municipalismo.
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